viernes, noviembre 6

Del baúl histórico: 23 de enero de 2005


Domingo 23 de enero de 2005

El programa Prevensida concientiza sobre la importancia de usar el preservativo

Con técnicas lúdicas, ONG promueve entre niños de la calle el sexo sin riesgos

La distribución de materiales educativos y la impartición de talleres, parte de la estrategia

ALMA E. MUÑOZ

El sexo recompensado predomina entre la población callejera como una estrategia de sobrevivencia. A diferencia de la prostitución, los intercambios de este tipo de individuos se dan con gente de la red social que les rodea: comerciantes, policías de la zona, vecinos y otros, quienes participan de la actividad a cambio de brindar dinero, comida, vestido o protección.

El problema es que estas relaciones sexuales, por derivar de favores, descartan el uso del preservativo, lo cual deja a los personajes callejeros en una situación de desventaja, por el riesgo de contagio del VIH-sida o cualquier otra enfermedad de transmisión o de contagio, en especial la gonorrea y el piojo blanco. Como resultado de este diagnóstico, surgió en 1997 Prevensida Callejero, esquema que aplica la organización civil El Caracol.

El objetivo es sensibilizar a este sector poblacional mediante técnicas de juego aplicadas por sicólogos, pedagogos y trabajadores sociales, para que vivan su sexualidad sin riesgos.

El esquema surgió luego de que dos chicos de la calle, pertenecientes a esta agrupación, murieron en 1994 a causa del sida. Uno de ellos, al saber que era portador, sufrió trastornos emocionales y con el propósito de cobrar venganza fue dejando semen en los baños que ocupaba. Ello evidenció la carencia de mecanismos de prevención, dirigidos a niños y adolescentes de la calle.

Hoy el esquema es aplicado por Médicos sin Fronteras en Guatemala, una vez que recibieron la instrucción necesaria de El Caracol, quien además ganó el concurso que hace poco más de siete años organizó la Secretaría de Salud, en busca de identificar material educativo en materia sexual para ese sector. A partir de ese momento establecieron un convenio de colaboración con Conasida para la reproducción y distribución nacional del modelo.

Indagan sobre hábitos sexuales

Desde 1996, la agrupación identificó que los chavos con los cuales trabaja -y cuyo promedio de ingreso a la calle es entre los 10 y 13 años- llevan una vida sexual ''bastante conservadora'', derivada de la formación familiar. El Caracol determinó que sólo cuentan con cuatro posiciones sexuales como variantes y su frecuencia de relaciones depende de su acercamiento a la adolescencia o la madurez.

Encontraron una fuerte presencia de sexo recompensado, al cual diferencian de la prostitución. Primero, porque esto último es un oficio y hay un elemento de identidad de quien lo ejerce, con tarifa establecida y no se elige al cliente. En cambio, lo que hacen los niños y adolescentes callejeros se convierte en una estrategia para obtener algún beneficio a cambio de intercambio sexual, pero ocurre con la red social en la cual se desenvuelven. Es decir, con gente de su confianza. No siempre está de por medio el dinero -puede ser comida, vestido o protección-, y no es algo sistemático o periódico.

Además, fueron los trabajadores sexuales quienes impulsaron la prevención del VIH y condicionaron las relaciones al uso del preservativo, lo cual no ocurre en el caso del otro grupo. Sin embargo, Juan Martín Pérez García, director de El Caracol, afirma: ''hemos identificado que la presencia del sida entre los callejeros no es tan grande como podríamos imaginar. De nuestra experiencia hablamos de un 5 por ciento", aunque eso no exime que ''vivir en las calles tiene costos muy elevados: un acelerado daño físico y emocional, agresiones, accidentes, embarazos de alto riesgo, enfermedades de transmisión sexual y, en muchos casos, la muerte (en este apartado, el primer lugar lo ocupan los eventos viales asociados con la drogadicción. En los últimos 10 años, identificaron 180 decesos por esta causa)''.

Explica que su labor no incluye la promoción de estudios serológicos sobre detección del VIH, "porque no nos ayuda en nada. No va a cambiar las condiciones de vida de los muchachos. Tiene que ver más bien con una petición de ellos. Los materiales que aplicamos nos permiten reconocer su sexualidad y sensibilizarlos respecto a que pueden vivirla con menos culpa y mayor prevención. Nuestra mecánica permite ayudarles a reconocer su cuerpo, los riesgos que implica la vida sexual activa y las formas de prevenir contagios y embarazos adolescentes.

Concientización mediante el juego

Los juegos que aplica El Caracol provienen de un paquete denominado X Calle, que incluye tres manuales diferentes: salud reproductiva, modo de vida y tú qué. Suponen situaciones diferentes que permiten a los educadores de la agrupación sondear las conductas de su población objetivo. Por ejemplo, cómo es el líder de un grupo, las características de la zona donde viven, los puntos de encuentro o introducir la idea de que quien porta un preservativo entre sus pertenencias es alguien precavido. A lo mejor no lo usa pero al menos lo carga, y eso constituye un avance.

También sugieren la idea de que es más cómodo ir a un hotel y tener privacidad. A partir de ello se les involucra en una estrategia de ahorro en busca de que cumplan ambos cometidos. El Caracol considera que regalar los preservativos a la población callejera no resuelve nada porque no se les genera la necesidad de comprar. Ocasionalmente, tras impartir los talleres, recurren a las alianzas que tienen con otras organizaciones, como Colectivo Sol, para, a través del condomóvil con que cuenta esta agrupación, vender preservativos.

Las dinámicas de los talleres

El primer día de trabajo en un taller significa juego de canicas, que es la forma lúdica de representar a la muerte. Una pieza puede ser el activo, otra un carro y otra una banda. Al hacer explícitos los juegos, conocen nombres y número de personas fallecidas por cualquiera de las tres causas. Entonces surge un semáforo de riesgo que significa: verde, lo que puede hacer daño; amarillo, qué causa una lesión, y rojo, muerte.

Cuentan con marionetas de peluches sexuados que sirven para identificar, también a través de juegos, casos de abuso sexual sobre los más pequeños. Cada uno de los monigotes recibe un nombre: Pancho y Chela son los adolescentes y Lucas representa al niño de entre 10 y 12 años que está en pleno desmadre.

Existe la banda del Virus Virolo, integrada por pequeños monstruos, que simbolizan a la gonorrea y la sífilis, y están acompañados por la defensa, que es un glóbulo blanco en forma de huevo, y un bote como el activo.

Incluyen además unos cómics donde educan siguiendo la lógica de que el sida no genera muerte inmediata si hay atención adecuada, y recurren a historias reales, en lenguaje callejero, para abordar la dificultad de dejar de consumir drogas; desarraigarse de la calle; el amor que los más pequeños demuestran a este modo de vida, porque les brinda la sensación de libertad; el asunto de los derechos humanos; el sexo recompensado; el abuso de que son objeto; la muerte, y los métodos de prevención.

Sexualidad distorsionada

Los esquemas anteriores permitieron visualizar que entre la población de calle existe información distorsionada sobre la sexualidad. A partir de las campañas que hace aproximadamente 10 años inició la Secretaría de Salud para colocarles dispositivos intrauterinos, las chicas se quedaron con la idea de que este método les protegía de enfermedades de transmisión sexual, y tenían la percepción mágica de que prometer alguna cosa a un santo les protegería de quedar embarazadas o recuperar periodos menstruales.

Con la aplicación de Prevensida callejero, El Caracol ha detectado 14 casos de sida, cuyos afectados fueron canalizados al sistema de salud.

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