jueves, agosto 27

Vida interrumpida por contagio de VIH


Le enviamos el artículo publicado el día lunes 17 de agosto del 09 en el periodico: El Universal Sección: DF Pág. 16

Un encuentro casual y el viejo pretexto de que con condón no se siente igual, fueron la combinación perfecta para que Miguel, a los 22 años, se infectara con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Cuatro años han pasado desde aquel día en el que conoció a un hombre “agradable” en el Metro, quien lo convenció de ir a su casa. Tuvieron relaciones sexuales sin protección y meses después su vida cambió.

La pérdida de peso, mareos, vómitos y un estado constante de sueño fueron los primeros síntomas que manifestó.

Entonces, el diagnóstico llegó: “Tienes VIH”, le dijeron los médicos después de varios análisis de laboratorio que le practicaron en la Clínica Especializada Condesa, que atiende a personas con VIH.

“Sentí que el mundo se me venía encima, sentí impotencia y un odio enorme en contra de esa persona”, recuerda mientras sostiene un cigarro en su mano derecha, que ha perdido movilidad como consecuencia de los antirretrovirales, medicamento que usa para controlar la infección del virus.

Del hombre que lo infectó no recuerda su nombre, no volvió a verlo hasta hace unos meses, que lo reconoció en la Clínica Condesa cuando fue a su revisión de rutina. “Lo vi y estoy seguro de que sabe quién soy, pero no pude decirle nada. Él también me vio, iba con otro chavo, no sé si su pareja. Lo abrazó, se dio la vuelta y se fue”.

El arrepentimiento por no haber exigido el preservativo quedó atrás, “ni modo, no lo hice y ya no me puedo lamentar”. Pero el miedo al rechazo sigue taladrándole la cabeza cada vez que se decide a confesarle a sus hermanos que vive con VIH y es gay. “Por eso no se los he dicho”, reconoce.

La única que lo sabe de su familia es su madre. Ella lo ha apoyado desde que se enteró al escucharlo llorar a solas en su cuarto por días enteros. “No me quedó de otra y se lo dije; entonces lloró conmigo”.

Su vida dio un giro de 360 grados: “De tan bonita que era, ahora es un infierno”, dice con la mirada fija en el pasado, cuando sus amigos poco a poco se alejaron por tener el virus, y sus sueños de convertirse en cantante o chef se desvanecieron.

Ahora, su preocupación es adherirse al tratamiento para evitar que el VIH avance, tomar el medicamento sin fallar tres veces al día y conseguir un empleo.

“Ya tengo casi cuatro años sin trabajar, busco, les digo lo que tengo y me dicen: ‘Luego te llamamos’, y ahí estoy como menso esperando... y nada”.

Para él, es indispensable que el lugar que en el que labore esté enterado de su condición, “porque cada mes tendría que ausentarme un día para ir a mis chequeos y a recoger mi medicamento”. Es mentira que la sociedad sea más abierta, dice; “si así fuera, no nos discriminarían”.

Un saludo

Comité Coordinador

José Ángel Aguilar Gil

Información Red Electrónica

Ricardo Fonseca Ceja

Ma. de Lourdes Camacho Solis


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