jueves, febrero 19

Escuela y cultura de la educación sexual


Emilio Zebadúa | Opinión

Lunes 16 de Febrero, 2009
| Hora de modificación: 00:07



Hoy en día la educación sexual se ubica como uno de los principales componentes en la agenda de las naciones en el mundo, pues se trata de un asunto sustancial frente a la necesidad de plantear políticas públicas encaminadas a la puesta en marcha de programas integrales que fomenten una nueva cultura de salud sexual, con énfasis en la prevención de enfermedades sexuales y la contención de la alta incidencia de embarazos prematuros, particularmente en aquellos segmentos de la población en edad escolarizada.

¿A qué edad inician sus relaciones sexuales los jóvenes? Como botón de muestra, las estadísticas revelan que en nuestro país lo hacen a los doce años. Entre otros datos, la Encuesta Nacional de Juventud realizada por el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Juventud aplicada a personas de entre 12 y 29 años establece que los jóvenes en la mayoría de los casos carecen de los elementos necesarios respecto al ejercicio de la sexualidad, o bien, poseen información sesgada e inexacta, en muchos de los casos apegada más a valores, creencias y prejuicios familiares, patrones culturales y religiosos, que los dejan expuestos a embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual.

Ante esta realidad, desde luego, no se trata de prohibir sino de prevenir frente al elevado número de embarazos no planificados y el alarmante incremento en el número de jóvenes –entre 15 y 24 años de edad– infectados con el VIH/Sida (calificada por la ONU como una epidemia que ha costado la vida de alrededor de 30 millones de personas a nivel mundial) que se registran anualmente, en gran medida como producto de la ausencia de una educación sexual integral. La educación sexual, ciertamente, presenta dos caras de una misma moneda: despierta un gran interés pero, paradójicamente, prevalecen reticencias para hablar abiertamente sobre el tema.

LA EDUCACIÓN SEXUAL ESCOLARIZADA

A nivel mundial, organismos internacionales como la ONU, la Organización Panamericana de la Salud, la Unesco y la Unicef han exhortado a los gobiernos de la región para que los programas sobre educación sexual se instrumenten en todos los niveles educativos. Por ejemplo, en México el primer programa escolar sobre educación sexual data de 1974. El objetivo estratégico del mismo era mantener el control de la natalidad en el país. Para la década de los ochenta, con la aparición del VIH/Sida, se emprendieron campañas con el objetivo de prevenir ésta y otras enfermedades de tipo sexuales. Y en 1994, en las conferencias de El Cairo y Beijing, se establecieron los derechos sexuales y reproductivos con una visión de género.

La Secretaría de Educación Pública (SEP), en los últimos años, ha introducido temas vinculados con la sexualidad en los libros de texto oficiales, aunque a la luz de los cambios que registra el entorno mundial, se perciben como destellos en los que han participado también la sociedad civil, los maestros, escuelas, investigadores y los medios de comunicación. De hecho, los estudios de opinión, como la Encuesta Nacional de Vivienda de 2007, realizada por Parametría, establecen que los padres de familia se manifiestan a favor de que en las escuelas públicas se enseñe educación sexual.

En el ciclo escolar 2008-2009 la Secretaría de Educación Pública (SEP) introdujo en los diferentes niveles educativos información sobre la educación sexual a través de los libros de texto oficiales, y por otro lado trabaja en coordinación con la Secretaría de Salud en programas específicos vinculados con la educación y salud sexual.

Sin embargo, desde esta perspectiva, es imprescindible que se cuente con una educación sexual abierta, científica y objetiva. En primer lugar porque hay fenómenos sociales y de salud que requieren que haya una población enterada consciente de sus derechos y de los riesgos en su propio desarrollo y el de su cuerpo, con pleno respeto a la diversidad sexual y la perspectiva y equidad de género.

Es deseable, por lo tanto, que cualquier planteamiento de cualquier autoridad educativa o de las propias organizaciones civiles se vea dentro de un marco más allá del entorno de salud, acorde a las condiciones sociales del país y de los jóvenes sobre cómo atender los retos que implican una educación sexual. Se requiere del debate pero en el plano de las ideas, alimentado por el diálogo, donde prevalezcan posturas y posiciones de apertura y de tolerancia.

La educación sexual implica la formación desde la infancia para que los niños identifiquen su cuerpo y –a la vez– los derechos que tienen sobre él, pero también para que en su adolescencia ejerzan su sexualidad de manera responsable. A la sociedad, por su parte, le toca avanzar en la discusión de la sexualidad, mientras que las autoridades educativas tienen como obligación articular esos planteamientos por medio de programas y políticas escolares en todos sus niveles, con la participación del magisterio en la instrucción de los contenidos sobre este asunto estratégico para el país.

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